òscar bermell

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Tag: Relato corto

Navidad de ensueño

puerta02Me despertaron unos cánticos cuando mi sueño iniciaba la fase REM.

Llevaba unos días ajetreado. El frío topaba con la visera del cochecito. Mi campo de visión se había reducido a patéticos halos desenfocados en plano-detalle. Oía mucho ruido, la gente atravesaba con prisa y a codazos las tiendas. Mi intuición se intentaba ubicar ante tanta compra compulsiva. Transcurridas tres jornadas, las ruedas de mi cochecito empezaron a chirriar ante tanta iluminación callejera.

Al fin, regresé a casa. Pensé que después de la tempestad vendría la calma. Pero me equivoqué. La tensión perfumaba la casa. Gritos, algún golpe y los leds de colores parpadeando, cada vez, a mayor velocidad… y comida, mucha. Creo que mis párpados se cerraron por culpa del agotamiento. Y empecé a dormir plácidamente.

Me despertaron una docena de proyectos de mi; borrachos y cantando villancicos. Alguien gritó: ¡Esto es una familia! Y pedí a REM la llave. Abrí el sueño y les lancé la puerta.

Reloj de pared

Se despertó de un sobresalto. Aquel sueño parecía tan real que tardó veintiún minutos y treinta y tres segundos en recuperarse. Su respiración volvió a ser pausada. Su ritmo cardíaco, constante y rítmico. Apenas podía abrir los ojos y enfocar un objeto con la mirada. Además, pensó ¿para qué voy a hacerlo? Tampoco iba a reconocer nada.

Había dos cosas que le aterrorizaban: las sombras y su estómago vacío. Justo, lo que le estaba ocurriendo en ese preciso instante. Se veía incapaz de pronunciar algo inteligible y no tenía fuerzas para alcanzar aquello que anhelaba. Así, pensó, sólo me queda una opción. Y empezó a llorar, en busca de un alma caritativa que pudiera entenderlo. Cuatro minutos y cincuenta y ocho segundos después su angustia se transformó en llanto. Y gritó. Tanto como se lo permitía su capacidad pulmonar.

Cuando llevaba treinta y tres minutos y diecisiete segundos se agotó. Sus pulmones ya no daban para más. Cayó tendido y con un runrún en los intestinos se durmió. A los siete minutos y tres segundos de silencio se abrió la puerta de la habitación. “Lo ves cariño, el método Estivill funciona” dijo una voz femenina. Pese a desconocer el significado de aquellas palabras (y el de las suyas), el bebé sin nombre, insultó a su madre. Observó el espectro de un reloj de pared y siguió inmerso en su pesadilla.

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